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Don Quijote · Texto original en español

Índice, preliminares y dedicatoria

El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha

por Miguel de Cervantes Saavedra

El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha

Tasa

Testimonio de las erratas

El Rey

Al Duque de Béjar

Prólogo

Al libro de don Quijote de la Mancha

Que trata de la condición y ejercicio del famoso
hidalgo don Quijote de la Mancha

Que trata de la primera salida que de su tierra hizo
el ingenioso don Quijote

Donde se cuenta la graciosa manera que tuvo don
Quijote en armarse caballero

De lo que le sucedió a nuestro caballero cuando salió
de la venta

Donde se prosigue la narración de la desgracia de
nuestro caballero

Del donoso y grande escrutinio que el cura y el
barbero hicieron en la librería de nuestro ingenioso hidalgo

De la segunda salida de nuestro buen caballero don
Quijote de la Mancha

Del buen suceso que el valeroso don Quijote tuvo en
la espantable y jamás imaginada aventura de los molinos de viento, con
otros sucesos dignos de felice recordación

Donde se concluye y da fin a la estupenda batalla que
el gallardo vizcaíno y el valiente manchego tuvieron

De lo que más le avino a don Quijote con el vizcaíno, y
del peligro en que se vio con una turba de yangüeses

De lo que le sucedió a don Quijote con unos
cabreros

De lo que contó un cabrero a los que estaban con don
Quijote

Donde se da fin al cuento de la pastora Marcela, con
otros sucesos

Donde se ponen los versos desesperados del difunto
pastor, con otros no esperados sucesos

Donde se cuenta la desgraciada aventura que se topó
don Quijote en topar con unos desalmados yangüeses

De lo que le sucedió al ingenioso hidalgo en la venta
que él imaginaba ser castillo

Donde se prosiguen los innumerables trabajos que el
bravo don Quijote y su buen escudero Sancho Panza pasaron en la venta
que, por su mal, pensó que era castillo

Donde se cuentan las razones que pasó Sancho Panza
con su señor Don Quijote, con otras aventuras dignas de ser
contadas

De las discretas razones que Sancho pasaba con su
amo, y de la aventura que le sucedió con un cuerpo muerto, con otros
acontecimientos famosos

De la jamás vista ni oída aventura que con más poco
peligro fue acabada de famoso caballero en el mundo, como la que acabó
el valeroso don Quijote de la Mancha

Que trata de la alta aventura y rica ganancia del
yelmo de Mambrino, con otras cosas sucedidas a nuestro invencible
caballero

De la libertad que dio don Quijote a muchos
desdichados que, mal de su grado, los llevaban donde no quisieran
ir

De lo que le aconteció al famoso don Quijote en
Sierra Morena, que fue una de las más raras aventuras que en esta
verdadera historia se cuentan

Donde se prosigue la aventura de la Sierra
Morena

Que trata de las estrañas cosas que en Sierra Morena
sucedieron al valiente caballero de la Mancha, y de la imitación que
hizo a la penitencia de Beltenebros

Donde se prosiguen las finezas que de enamorado hizo
don Quijote en Sierra Morena

De cómo salieron con su intención el cura y el
barbero, con otras cosas dignas de que se cuenten en esta grande
historia

Que trata de la nueva y agradable aventura que al
cura y barbero sucedió en la mesma sierra

Que trata de la discreción de la hermosa Dorotea,
con otras cosas de mucho gusto y pasatiempo

Que trata del gracioso artificio y orden que se tuvo
en sacar a nuestro enamorado caballero de la asperísima penitencia en
que se había puesto

De los sabrosos razonamientos que pasaron entre don
Quijote y Sancho Panza, su escudero, con otros sucesos

Que trata de lo que sucedió en la venta a toda la
cuadrilla de don Quijote

Donde se cuenta la novela del Curioso
impertinente

Donde se prosigue la novela del Curioso
impertinente

Donde se da fin a la novela del Curioso
impertinente

Que trata de la brava y descomunal batalla que don
Quijote tuvo con unos cueros de vino tinto, con otros raros sucesos
que en la venta le sucedieron

Que prosigue la historia de la famosa infanta
Micomicona, con otras graciosas aventuras

Que trata del curioso discurso que hizo don
Quijote de las armas y las letras

Donde el cautivo cuenta su vida y sucesos

Donde se prosigue la historia del cautivo

Donde todavía prosigue el cautivo su suceso

Que trata de lo que más sucedió en la venta y de
otras muchas cosas dignas de saberse

Donde se cuenta la agradable historia del mozo de
mulas, con otros estraños acaecimientos en la venta sucedidos]

Donde se prosiguen los inauditos sucesos de la
venta

Donde se acaba de averiguar la duda del yelmo de
Mambrino y de la albarda, y otras aventuras sucedidas, con toda
verdad

De la notable aventura de los cuadrilleros, y la
gran ferocidad de nuestro buen caballero don Quijote

Del estraño modo con que fue encantado don Quijote
de la Mancha, con otros famosos sucesos

Donde prosigue el canónigo la materia de los
libros de caballerías, con otras cosas dignas de su ingenio

Donde se trata del discreto coloquio que Sancho
Panza tuvo con su señor don Quijote

De las discretas altercaciones que don Quijote y el
canónigo tuvieron, con otros sucesos

Que trata de lo que contó el cabrero a todos los que
llevaban a don Quijote

De la pendencia que don Quijote tuvo con el cabrero,
con la rara aventura de los deceplinantes, a quien dio felice fin a
costa de su sudor

Segunda parte del ingenioso caballero don Quijote de la Mancha

Tasa

Fee de erratas

Aprobaciones

Dedicatoria, al conde de Lemos

Prólogo al lector

De lo que el cura y el barbero pasaron con don
Quijote cerca de su enfermedad

Que trata de la notable pendencia que Sancho Panza
tuvo con la sobrina y ama de don Quijote, con otros sujetos
graciosos

Del ridículo razonamiento que pasó entre don Quijote,
Sancho Panza y el bachiller Sansón Carrasco

Donde Sancho Panza satisface al bachiller Sansón
Carrasco de sus dudas y preguntas, con otros sucesos dignos de saberse
y de contarse

De la discreta y graciosa plática que pasó entre Sancho
Panza y su mujer Teresa Panza, y otros sucesos dignos de felice
recordación

De lo que le pasó a Don Quijote con su sobrina y con
su ama, y es uno de los importantes capítulos de toda la historia

De lo que pasó don Quijote con su escudero, con otros
sucesos famosísimos

Donde se cuenta lo que le sucedió a don Quijote,
yendo a ver su señora Dulcinea del Toboso

Donde se cuenta lo que en él se verá

Donde se cuenta la industria que Sancho tuvo para
encantar a la señora Dulcinea, y de otros sucesos tan ridículos como
verdaderos

De la estraña aventura que le sucedió al valeroso don
Quijote con el carro, o carreta, de Las Cortes de la Muerte

De la estraña aventura que le sucedió al valeroso don
Quijote con el bravo Caballero de los Espejos

Donde se prosigue la aventura del Caballero del
Bosque, con el discreto, nuevo y suave coloquio que pasó entre los dos
escuderos

Donde se prosigue la aventura del Caballero del
Bosque

Donde se cuenta y da noticia de quién era el Caballero
de los Espejos y su escudero

De lo que sucedió a don Quijote con un discreto
caballero de la Mancha

De donde se declaró el último punto y estremo adonde
llegó y pudo llegar el inaudito ánimo de don Quijote, con la
felicemente acabada aventura de los leones

De lo que sucedió a don Quijote en el castillo o
casa del Caballero del Verde Gabán, con otras cosas extravagantes

Donde se cuenta la aventura del pastor enamorado, con
otros en verdad graciosos sucesos

Donde se cuentan las bodas de Camacho el rico, con el
suceso de Basilio el pobre

Donde se prosiguen las bodas de Camacho, con otros
gustosos sucesos

Donde se da cuenta de la grande aventura de la cueva
de Montesinos, que está en el corazón de la Mancha, a quien dio felice
cima el valeroso don Quijote de la Mancha

De las admirables cosas que el estremado don
Quijote contó que había visto en la profunda cueva de Montesinos, cuya
imposibilidad y grandeza hace que se tenga esta aventura por
apócrifa

Donde se cuentan mil zarandajas tan impertinentes
como necesarias al verdadero entendimiento desta grande historia

Donde se apunta la aventura del rebuzno y la graciosa
del titerero, con las memorables adivinanzas del mono adivino

Donde se prosigue la graciosa aventura del titerero,
con otras cosas en verdad harto buenas

Donde se da cuenta quiénes eran maese Pedro y su
mono, con el mal suceso que don Quijote tuvo en la aventura del
rebuzno, que no la acabó como él quisiera y como lo tenía pensado

De cosas que dice Benengeli que las sabrá quien le
leyere, si las lee con atención

De la famosa aventura del barco encantado

De lo que le avino a don Quijote con una bella
cazadora

Que trata de muchas y grandes cosas

De la respuesta que dio don Quijote a su
reprehensor, con otros graves y graciosos sucesos

De la sabrosa plática que la duquesa y sus
doncellas pasaron con Sancho Panza, digna de que se lea y de que se
note

Que cuenta de la noticia que se tuvo de cómo se
había de desencantar la sin par Dulcinea del Toboso, que es una de las
aventuras más famosas deste libro

Donde se prosigue la noticia que tuvo don Quijote
del desencanto de Dulcinea, con otros admirables sucesos

Donde se cuenta la estraña y jamás imaginada
aventura de la dueña Dolorida, alias de la condesa Trifaldi, con una
carta que Sancho Panza escribió a su mujer Teresa Panza

Donde se prosigue la famosa aventura de la dueña
Dolorida

Donde se cuenta la que dio de su mala andanza la
dueña Dolorida

Donde la Trifaldi prosigue su estupenda y memorable
historia

De cosas que atañen y tocan a esta aventura y a esta
memorable historia

De la venida de Clavileño, con el fin desta dilatada
aventura

De los consejos que dio don Quijote a Sancho Panza
antes que fuese a gobernar la ínsula, con otras cosas bien
consideradas

De los consejos segundos que dio don Quijote a
Sancho Panza

Cómo Sancho Panza fue llevado al gobierno, y de la
estraña aventura que en el castillo sucedió a don Quijote

De cómo el gran Sancho Panza tomó la posesión de su
ínsula, y del modo que comenzó a gobernar

Del temeroso espanto cencerril y gatuno que recibió
don Quijote en el discurso de los amores de la enamorada
Altisidora

Donde se prosigue cómo se portaba Sancho Panza en
su gobierno

De lo que le sucedió a don Quijote con doña
Rodríguez, la dueña de la duquesa, con otros acontecimientos dignos de
escritura y de memoria eterna

De lo que le sucedió a Sancho Panza rondando su
ínsula

Donde se declara quién fueron los encantadores y
verdugos que azotaron a la dueña y pellizcaron y arañaron a don
Quijote, con el suceso que tuvo el paje que llevó la carta a Teresa
Sancha, mujer de Sancho Panza

Del progreso del gobierno de Sancho Panza, con otros
sucesos tales como buenos

Donde se cuenta la aventura de la segunda dueña
Dolorida, o Angustiada, llamada por otro nombre doña Rodríguez

Del fatigado fin y remate que tuvo el gobierno de
Sancho Panza

Que trata de cosas tocantes a esta historia, y no a
otra alguna

De cosas sucedidas a Sancho en el camino, y otras que
no hay más que ver

De la descomunal y nunca vista batalla que pasó entre
don Quijote de la Mancha y el lacayo Tosilos, en la defensa de la hija
de la dueña doña Rodríguez

Que trata de cómo don Quijote se despidió del duque,
y de lo que le sucedió con la discreta y desenvuelta Altisidora,
doncella de la duquesa

Que trata de cómo menudearon sobre don Quijote
aventuras tantas, que no se daban vagar unas a otras

Donde se cuenta del extraordinario suceso, que se
puede tener por aventura, que le sucedió a don Quijote

De lo que sucedió a don Quijote yendo a Barcelona

De lo que le sucedió a don Quijote en la entrada de
Barcelona, con otras cosas que tienen más de lo verdadero que de lo
discreto

Que trata de la aventura de la cabeza encantada, con
otras niñerías que no pueden dejar de contarse

De lo mal que le avino a Sancho Panza con la visita
de las galeras, y la nueva aventura de la hermosa morisca

Que trata de la aventura que más pesadumbre dio a
don Quijote de cuantas hasta entonces le habían sucedido

Donde se da noticia quién era el de la Blanca Luna,
con la libertad de Don Gregorio, y de otros sucesos

Que trata de lo que verá el que lo leyere, o lo oirá
el que lo escuchare leer

De la resolución que tomó don Quijote de hacerse
pastor y seguir la vida del campo, en tanto que se pasaba el año de su
promesa, con otros sucesos en verdad gustosos y buenos

De la cerdosa aventura que le aconteció a don
Quijote

Del más raro y más nuevo suceso que en todo el
discurso desta grande historia avino a don Quijote

Que sigue al de sesenta y nueve, y trata de cosas no
escusadas para la claridad desta historia

De lo que a don Quijote le sucedió con su escudero
Sancho yendo a su aldea

De cómo don Quijote y Sancho llegaron a su
aldea

De los agüeros que tuvo don Quijote al entrar de
su aldea, con otros sucesos que adornan y acreditan esta grande
historia

De cómo don Quijote cayó malo, y del testamento que
hizo, y su muerte

El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha

TASA

Yo, Juan Gallo de Andrada, escribano de Cámara del Rey nuestro señor, de los que residen en su Consejo, certifico y doy fe que, habiendo visto por los señores dél un libro intitulado El ingenioso hidalgo de la Mancha, compuesto por Miguel de Cervantes Saavedra, tasaron cada pliego del dicho libro a tres maravedís y medio; el cual tiene ochenta y tres pliegos, que al dicho precio monta el dicho libro docientos y noventa maravedís y medio, en que se ha de vender en papel; y dieron licencia para que a este precio se pueda vender, y mandaron que esta tasa se ponga al principio del dicho libro, y no se pueda vender sin ella. Y, para que dello conste, di la presente en Valladolid, a veinte días del mes de deciembre de mil y seiscientos y cuatro años.

Juan Gallo de Andrada.

TESTIMONIO DE LAS ERRATAS

Este libro no tiene cosa digna que no corresponda a su original; en
testimonio de lo haber correcto, di esta fee. En el Colegio de la Madre de
Dios de los Teólogos de la Universidad de Alcalá, en primero de diciembre
de 1604 años.

El licenciado Francisco Murcia de la Llana.

EL REY

Por cuanto por parte de vos, Miguel de Cervantes, nos fue fecha relación que habíades compuesto un libro intitulado El ingenioso hidalgo de la Mancha, el cual os había costado mucho trabajo y era muy útil y provechoso, nos pedistes y suplicastes os mandásemos dar licencia y facultad para le poder imprimir, y previlegio por el tiempo que fuésemos servidos, o como la nuestra merced fuese; lo cual visto por los del nuestro Consejo, por cuanto en el dicho libro se hicieron las diligencias que la premática últimamente por nos fecha sobre la impresión de los libros dispone, fue acordado que debíamos mandar dar esta nuestra cédula para vos, en la dicha razón; y nos tuvímoslo por bien. Por la cual, por os hacer bien y merced, os damos licencia y facultad para que vos, o la persona que vuestro poder hubiere, y no otra alguna, podáis imprimir el dicho libro, intitulado El ingenioso hidalgo de la Mancha, que desuso se hace mención, en todos estos nuestros reinos de Castilla, por tiempo y espacio de diez años, que corran y se cuenten desde el dicho día de la data desta nuestra cédula; so pena que la persona o personas que, sin tener vuestro poder, lo imprimiere o vendiere, o hiciere imprimir o vender, por el mesmo caso pierda la impresión que hiciere, con los moldes y aparejos della; y más, incurra en pena de cincuenta mil maravedís cada vez que lo contrario hiciere. La cual dicha pena sea la tercia parte para la persona que lo acusare, y la otra tercia parte para nuestra Cámara, y la otra tercia parte para el juez que lo sentenciare. Con tanto que todas las veces que hubiéredes de hacer imprimir el dicho libro, durante el tiempo de los dichos diez años, le traigáis al nuestro Consejo, juntamente con el original que en él fue visto, que va rubricado cada plana y firmado al fin dél de Juan Gallo de Andrada, nuestro Escribano de Cámara, de los que en él residen, para saber si la dicha impresión está conforme el original; o traigáis fe en pública forma de cómo por corretor nombrado por nuestro mandado, se vio y corrigió la dicha impresión por el original, y se imprimió conforme a él, y quedan impresas las erratas por él apuntadas, para cada un libro de los que así fueren impresos, para que se tase el precio que por cada volume hubiéredes de haber. Y mandamos al impresor que así imprimiere el dicho libro, no imprima el principio ni el primer pliego dél, ni entregue más de un solo libro con el original al autor, o persona a cuya costa lo imprimiere, ni otro alguno, para efeto de la dicha correción y tasa, hasta que antes y primero el dicho libro esté corregido y tasado por los del nuestro Consejo; y, estando hecho, y no de otra manera, pueda imprimir el dicho principio y primer pliego, y sucesivamente ponga esta nuestra cédula y la aprobación, tasa y erratas, so pena de caer e incurrir en las penas contenidas en las leyes y premáticas destos nuestros reinos. Y mandamos a los del nuestro Consejo, y a otras cualesquier justicias dellos, guarden y cumplan esta nuestra cédula y lo en ella contenido. Fecha en Valladolid, a veinte y seis días del mes de setiembre de mil y seiscientos y cuatro años.

YO, EL REY.

Por mandado del Rey nuestro señor:

Juan de Amezqueta.

AL DUQUE DE BÉJAR,

marqués de Gibraleón, conde de Benalcázar y Bañares, vizconde de La Puebla de
Alcocer, señor de las villas de Capilla, Curiel y Burguillos

En fe del buen acogimiento y honra que hace Vuestra Excelencia a toda suerte de libros, como príncipe tan inclinado a favorecer las buenas artes, mayormente las que por su nobleza no se abaten al servicio y granjerías del vulgo, he determinado de sacar a luz al Ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha, al abrigo del clarísimo nombre de Vuestra Excelencia, a quien, con el acatamiento que debo a tanta grandeza, suplico le reciba agradablemente en su protección, para que a su sombra, aunque desnudo de aquel precioso ornamento de elegancia y erudición de que suelen andar vestidas las obras que se componen en las casas de los hombres que saben, ose parecer seguramente en el juicio de algunos que, continiéndose en los límites de su ignorancia, suelen condenar con más rigor y menos justicia los trabajos ajenos; que, poniendo los ojos la prudencia de Vuestra Excelencia en mi buen deseo, fío que no desdeñará la cortedad de tan humilde servicio.

Miguel de Cervantes Saavedra.

PRÓLOGO

Desocupado lector: sin juramento me podrás creer que quisiera que este libro, como hijo del entendimiento, fuera el más hermoso, el más gallardo y más discreto que pudiera imaginarse. Pero no he podido yo contravenir al orden de naturaleza; que en ella cada cosa engendra su semejante. Y así, ¿qué podrá engendrar el estéril y mal cultivado ingenio mío, sino la historia de un hijo seco, avellanado, antojadizo y lleno de pensamientos varios y nunca imaginados de otro alguno, bien como quien se engendró en una cárcel, donde toda incomodidad tiene su asiento y donde todo triste ruido hace su habitación? El sosiego, el lugar apacible, la amenidad de los campos, la serenidad de los cielos, el murmurar de las fuentes, la quietud del espíritu son grande parte para que las musas más estériles se muestren fecundas y ofrezcan partos al mundo que le colmen de maravilla y de contento. Acontece tener un padre un hijo feo y sin gracia alguna, y el amor que le tiene le pone una venda en los ojos para que no vea sus faltas, antes las juzga por discreciones y lindezas y las cuenta a sus amigos por agudezas y donaires. Pero yo, que, aunque parezco padre, soy padrastro de Don Quijote, no quiero irme con la corriente del uso, ni suplicarte, casi con las lágrimas en los ojos, como otros hacen, lector carísimo, que perdones o disimules las faltas que en este mi hijo vieres; y ni eres su pariente ni su amigo, y tienes tu alma en tu cuerpo y tu libre albedrío como el más pintado, y estás en tu casa, donde eres señor della, como el rey de sus alcabalas, y sabes lo que comúnmente se dice: que debajo de mi manto, al rey mato. Todo lo cual te esenta y hace libre de todo respecto y obligación; y así, puedes decir de la historia todo aquello que te pareciere, sin temor que te calunien por el mal ni te premien por el bien que dijeres della.

Sólo quisiera dártela monda y desnuda, sin el ornato de prólogo, ni de la inumerabilidad y catálogo de los acostumbrados sonetos, epigramas y elogios que al principio de los libros suelen ponerse. Porque te sé decir que, aunque me costó algún trabajo componerla, ninguno tuve por mayor que hacer esta prefación que vas leyendo. Muchas veces tomé la pluma para escribille, y muchas la dejé, por no saber lo que escribiría; y, estando una suspenso, con el papel delante, la pluma en la oreja, el codo en el bufete y la mano en la mejilla, pensando lo que diría, entró a deshora un amigo mío, gracioso y bien entendido, el cual, viéndome tan imaginativo, me preguntó la causa; y, no encubriéndosela yo, le dije que pensaba en el prólogo que había de hacer a la historia de don Quijote, y que me tenía de suerte que ni quería hacerle, ni menos sacar a luz las hazañas de tan noble caballero.

— Porque, ¿cómo queréis vos que no me tenga confuso el qué dirá el antiguo legislador que llaman vulgo cuando vea que, al cabo de tantos años como ha que duermo en el silencio del olvido, salgo ahora, con todos mis años a cuestas, con una leyenda seca como un esparto, ajena de invención, menguada de estilo, pobre de concetos y falta de toda erudición y doctrina; sin acotaciones en las márgenes y sin anotaciones en el fin del libro, como veo que están otros libros, aunque sean fabulosos y profanos, tan llenos de sentencias de Aristóteles, de Platón y de toda la caterva de filósofos, que admiran a los leyentes y tienen a sus autores por hombres leídos, eruditos y elocuentes? ¡Pues qué, cuando citan la Divina Escritura! No dirán sino que son unos santos Tomases y otros doctores de la Iglesia; guardando en esto un decoro tan ingenioso, que en un renglón han pintado un enamorado destraído y en otro hacen un sermoncico cristiano, que es un contento y un regalo oílle o leelle. De todo esto ha de carecer mi libro, porque ni tengo qué acotar en el margen, ni qué anotar en el fin, ni menos sé qué autores sigo en él, para ponerlos al principio, como hacen todos, por las letras del A.B.C., comenzando en Aristóteles y acabando en Xenofonte y en Zoílo o Zeuxis, aunque fue maldiciente el uno y pintor el otro. También ha de carecer mi libro de sonetos al principio, a lo menos de sonetos cuyos autores sean duques, marqueses, condes, obispos, damas o poetas celebérrimos; aunque, si yo los pidiese a dos o tres oficiales amigos, yo sé que me los darían, y tales, que no les igualasen los de aquellos que tienen más nombre en nuestra España. En fin, señor y amigo mío —proseguí—, yo determino que el señor don Quijote se quede sepultado en sus archivos en la Mancha, hasta que el cielo depare quien le adorne de tantas cosas como le faltan; porque yo me hallo incapaz de remediarlas, por mi insuficiencia y pocas letras, y porque naturalmente soy poltrón y perezoso de andarme buscando autores que digan lo que yo me sé decir sin ellos. De aquí nace la suspensión y elevamiento, amigo, en que me hallastes; bastante causa para ponerme en ella la que de mí habéis oído.

Oyendo lo cual mi amigo, dándose una palmada en la frente y disparando en
una carga de risa, me dijo:

— Por Dios, hermano, que agora me acabo de desengañar de un engaño en que he estado todo el mucho tiempo que ha que os conozco, en el cual siempre os he tenido por discreto y prudente en todas vuestras aciones. Pero agora veo que estáis tan lejos de serlo como lo está el cielo de la tierra. ¿Cómo que es posible que cosas de tan poco momento y tan fáciles de remediar puedan tener fuerzas de suspender y absortar un ingenio tan maduro como el vuestro, y tan hecho a romper y atropellar por otras dificultades mayores? A la fe, esto no nace de falta de habilidad, sino de sobra de pereza y penuria de discurso. ¿Queréis ver si es verdad lo que digo? Pues estadme atento y veréis cómo, en un abrir y cerrar de ojos, confundo todas vuestras dificultades y remedio todas las faltas que decís que os suspenden y acobardan para dejar de sacar a la luz del mundo la historia de vuestro famoso don Quijote, luz y espejo de toda la caballería andante.

— Decid —le repliqué yo, oyendo lo que me decía—: ¿de qué modo pensáis
llenar el vacío de mi temor y reducir a claridad el caos de mi confusión?

A lo cual él dijo:

— Lo primero en que reparáis de los sonetos, epigramas o elogios que os faltan para el principio, y que sean de personajes graves y de título, se puede remediar en que vos mesmo toméis algún trabajo en hacerlos, y después los podéis bautizar y poner el nombre que quisiéredes, ahijándolos al Preste Juan de las Indias o al Emperador de Trapisonda, de quien yo sé que hay noticia que fueron famosos poetas; y cuando no lo hayan sido y hubiere algunos pedantes y bachilleres que por detrás os muerdan y murmuren desta verdad, no se os dé dos maravedís; porque, ya que os averigüen la mentira, no os han de cortar la mano con que lo escribistes.

»En lo de citar en las márgenes los libros y autores de donde sacáredes las sentencias y dichos que pusiéredes en vuestra historia, no hay más sino hacer, de manera que venga a pelo, algunas sentencias o latines que vos sepáis de memoria, o, a lo menos, que os cuesten poco trabajo el buscalle; como será poner, tratando de libertad y cautiverio:

Non bene pro toto libertas venditur auro.

Y luego, en el margen, citar a Horacio, o a quien lo dijo. Si tratáredes
del poder de la muerte, acudir luego con:

Pallida mors aequo pulsat pede pauperum tabernas,
Regumque turres.

Si de la amistad y amor que Dios manda que se tenga al enemigo, entraros luego al punto por la Escritura Divina, que lo podéis hacer con tantico de curiosidad, y decir las palabras, por lo menos, del mismo Dios: Ego autem dico vobis: diligite inimicos vestros. Si tratáredes de malos pensamientos, acudid con el Evangelio: De corde exeunt cogitationes malae. Si de la instabilidad de los amigos, ahí está Catón, que os dará su dístico:

Donec eris felix, multos numerabis amicos,
tempora si fuerint nubila, solus eris.

Y con estos latinicos y otros tales os tendrán siquiera por gramático, que
el serlo no es de poca honra y provecho el día de hoy.

»En lo que toca el poner anotaciones al fin del libro, seguramente lo podéis hacer desta manera: si nombráis algún gigante en vuestro libro, hacelde que sea el gigante Golías, y con sólo esto, que os costará casi nada, tenéis una grande anotación, pues podéis poner: El gigante Golías, o Goliat, fue un filisteo a quien el pastor David mató de una gran pedrada en el valle de Terebinto, según se cuenta en el Libro de los Reyes, en el

Fin de esta sección