Blasón e Doblando el Cabo
Blasón e Doblando el Cabo
BLASÓN
Apenas soy un pálido felibre,
y canto en claros versos lo que siento.
Ni cóndor, ni león: estoy contento
con saber que soy hombre y que soy libre.
Hasta mi torre de marfil, sagrada,
ni llega el cieno, ni salpica el lodo:
bajo el peldaño de mi torre, ¡todo!
sobre el peldaño de mi torre, ¡nada!
Como el Jesús de los sagrados cuentos
voy a cumplir sereno mi destino,
y como a él, los que erizan mi camino,
mañana lamerán mis pies sangrientos.
Que alcancen otros la gloriosa palma
buscando sombras y siguiendo huellas,
porque yo, cuando quiero ver estrellas,
me asomo al infinito de mi alma.
Ni nunca el odio me dejó rencores,
ni el amor, con su halago, me domina,
pues sé que tras la flor está la espina
como tras de la espina están las flores.
Abierta el alma a toda Primavera,
mi corazón, por dualidad gloriosa,
frente a frente al Amor, es una rosa,
y encarado al combate, una bandera.
Como nada a mi estirpe martiriza,
ni nada turba mi real decoro,
tengo, para el canalla, fusta de oro,
para el calumniador, una sonrisa.
En marcha imperturbable a un fijo Oriente,
desdeño el hombre de la muchedumbre,
porque aprendí hace tiempo que la cumbre
va conmigo, a la altura de mi frente.
Así sé que al nacer a otros albores
y al disgregarme en átomos dispersos,
lo mismo que hoy de mi alma salen versos
saldrán mañana, de mi carne, flores.
DOBLANDO EL CABO
(5 de noviembre de 1913)
Como amontona la hojarasca un río
haciné en un montón mis desengaños,
y desde lo alto de mis treinta años
miro hacia el porvenir ¡y lo hallo mío!
Amé las frentes pálidas, los rojos
labios que para el beso se formaron,
y mis castillos de ilusión se alzaron
siempre bajo la aurora de dos ojos.
Hice de cada pena un estandarte,
de todos mis amores un baluarte,
una canción de cada pensamiento,
y con galante mano distraída
esparcí los treinta años de mi vida
como las hojas de una rosa, al viento.