Prefacio IV
No conseguimos definir la mayoría de las cosas, de nuestras sensaciones, de nuestras ideas, de nuestros pensamientos. Ofrecemos al alma un diccionario de sinónimos y la mayoría de los sinónimos se transforma en antónimos. La psicología es un proceso de investigación perjudicado por la insuficiencia de las palabras. La poesía tiene necesidad muchas veces de recursos de fijación, de ritmos para conducir, de rimas para acentuar su lenguaje interior; y si este lenguaje a veces se atreve a vislumbrarse, a ostentar una u otra posibilidad en el verso libre, en la poesía sincera, esto es lo suficiente para que los poetas sean considerados herméticos, incomprensibles, degenerados, locos. Los poetas sienten y ven muchas cosas que no pueden decir debido a una incapacidad de expresión, expresión que existía en su prehistoria. Y ahora pronunciamos la palabra prehistoria fuera de su acepción usual histórica, pues la historia no es más que un largo "processus" decorrente del pecado original. En la vida del hombre sin mácula no habría historia. La vida sería uniforme. En la historia vemos el castigo del pecado y la libertación de él. Sí, la libertación de él. Con el "sudor de su frente" el hombre procura recuperar los atributos de santo perdidos por el pecado. La radio, la televisión, el dirigible y otros descubrimientos mostran de cuánto es capaz su inteligencia. La historia, pues, es el detour: es, por ello, necesariamente ascensional. Parte del hombre caído, va a Cristo y terminará cuando termine el milagro cristiano. La prehistoria no es, pues, el sub-hombre de Heidelberg o de Pittdown o de Neanderthal, ni la piedra lascada, ni ninguna de estas infantilidades: la prehistoria es la vida del hombre antes de la Caída.