Universo da obra
Universo da obra
A mi esposa Elvira Blanco de Zorrilla.
Te dedico TABARE... Y qué he de hacer?
Si fuera a esperar la época en que podré o no producir
algo digno de ti, tendría que renunciar a la satisfacción de es-
cribir tu nombre, que me es tan querido, al frente de una de
mis obras.
Te lo dedico, pues; a ti, la inspiradora de aquellos mis
primeros cantos de amor que aun me parece escuchar a la
distancia, coma una serenata que acaba de pasar por mi lado, y
cuyos acordes lejanos se desvanecen en una queja llena de
melancolía.
Viejo ya, aunque sin canas, quizá sin muchos años, siento
llegar hasta mí, fundidas en un solo acorde, las últimas notas
de aquellos cantos de adolescente y las primeras risas de
nuestros hijos. Hay algo de todo eso en la inspiración, que
ha dado vida, mas o menos efímera, a este poema: hay, por
consiguiente mucho que es tuyo; tu espíritu y el mío palpi-
tan identificados en él.
Sin duda por eso he mirado a TARARE con predilec-
ción; tú lo sabes pues ha sido tu rival durante muchas de esas
pocas horas que el trabajo incesante o las preocupaciones de
mi agitada vida me han dejado libre, y que hubieran sido tu-
yas y de nuestros hijos si no me las hubiera reclamado con
derecho el pobre indio, soñada personificación de una estirpe
muerta que, cuando menos, tiene derecho a nuestra compa-
sión.
Cuántas veces, aunque no muy de grado, ahuyentaste de
mi mesa de labor, a nuestra querida y bulliciosa caterva para
hacer silencio en torno de la cura de mi charrúa!
Quiero devolverte esas horas dedicándote la obra a que
ellas fueron consagradas. Lee una que otra vez a nuestros hi-
jos algunas de las estrofas de este pedazo de historia de nues-
tra patria, de esta su hermosa patria uruguaya, que con tanto
tesón les enseñamos a amar después de Dios.
Si ellos llegaron a advertir que esta página íntima está
echada en el destierro, recuérdales, pues tú lo sabes, que no
debe culparse de ello a la patria, y enseñarles a preferir siem-
pre el sufrimiento, que tú has sobrellevado conmigo, al aban-
dono de su misión moral en la tierra.
No sin algún pesar me separo de TABARE Para darlo al
público. El ha sido mi compañero inseparable y bueno du-
rante estos últimos años de tantas amarguras para mi espíritu
y, lo que es peor, de tantas desgracias para nuestro país. Pero
va a tus manos, y esto hace menos sensible la despedida.
Que tú quieres también un poco a mi indio, cine tú lo
mirarás con menos indiferencia de lo que él acaso merece, me
lo demuestra el hecho de haber tú sentido una antipatía y una
repulsión invencibles, hacia D. Gonzalo de Orgaz porque lo
hirió de muerte en el bosque.
Si a ti se te hubiera dado a elegir el desenlace de mi poe-
ma, yo bien se cuál hubiera elegido.
No podía ser!
No: tu idea era imposible. Blanca (tu raza, nuestra raza)
ha quedado viva sobre el cadáver del charrúa.
Pero, en cambio, las últimas notas que escucharás en mi
poema son los lamentos de la española y la oración del mon-
je; la voz de nuestra raza y el acento de nuestra fe: la caridad
cristiana y la misericordia eterna.
El poeta no puede decir mentiras por más dulces que
ellas sean.
Te ríes?
Pues no te lo digo en broma. El arte es la verdad, la alta
verdad inoculada en la ficción como un sople vivificante y
eterno: de ahí que la verdad, lo real en el arte, no esté en la
forma, como lo eterno en el hombre no está en el cuerpo.
Y la prueba de ello la tienes en que la alta verdad, la excel-
sa realidad del pensamiento alma de la creación artística, ha
inmortalizado y conducido triunfantes a través de los siglos,
obras de formas diversas y hasta radicalmente opuestas, for-
mas que recorren un diapasón tan extenso como el que media
(te citaré dos obras que tú conoces) entre La Tempestad, de
Shakespeare y el Quijote de Cervantes.
El arte contribuye poderosamente a la felicidad y al mejo-
ramiento sociales; sabes porqué?
Será porque copia o reproduce lo que existe material-
mente, lo que todo el mundo ve y toca, y porque consigue
despertar en el hombre las mismas impresiones que las esce-
nas reales despiertan en él?
Todo lo contrario.
El arte contribuye al mejoramiento social, porque por
medio de el, el común de las gentes participa de la visión de
los hombres excepcionales, y se eleva y ennoblece en la con-
templación de aquello cuya existencia no conocería si el poeta
no lo dijera: levanta la frente: sube conmigo a las regiones de
la belleza: la atmósfera es pura porque acaba de atravesar la
tempestad del genio que como las tempestades de la tierra
purifica el ambiente.
En una palabra: el arte no es otra cosa que la reproduc-
ción sensible de la vida, ideal.
Y la vida única de la inteligencia es la verdad, como la
única vida de la voluntad es el bien.
De ahí que la única fuente de belleza artística, sea el pen-
samiento en que el bien se difunde y la verdad esplende: de
ahí que, como antes te decía, el poeta no pudo decir mentiras.
Yo debía, pues, decir la verdad en TABARE: inocularla
en el organismo literario que amasaba con el limo de nuestra
tierra virgen y hermosa.
No extrañes que haya elegido una verdad llena de inmen-
sa tristeza: las que más aprietan el corazón son las que más
eficazmente lo exprimen, las que lo hacen verter su jugó más
íntimo.
El de mi alma va en TABARE: Por eso te ofrezco en una
fecha que nos a querida.1
JUAN ZORRILLA DE SAN MARTIN
Buenos Aires, 19 de Agosto de 1886
1 Después de escrita esta página que respeto hasta en sus incorrecciones,
antes de darla a la prensa, mi esposa ha muerto... He bendecido la vo-
luntad de Dios que me la dio y me la quitó; he ofrecido a Dios, como
holocausto propiciatorio, los pedazos de mi corazón que el destrozó.
Con la absoluta evidencia de la fe, sólo veo en el dolor el mundo de las
divinas misericordias.
Sea.
Edición en español de Tabaré, poema épico de Juan Zorrilla de San Martín, usada como fuente para la traducción Literunico.
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