Capítulo XV. Donde se cuenta y da noticia de quién era el Caballero de los Don Quijote · Capítulo 69 de 128
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Capítulo XV. Donde se cuenta y da noticia de quién era el Caballero de los

Capítulo XV. Donde se cuenta y da noticia de quién era el Caballero de los Espejos y su escudero

En estremo contento, ufano y vanaglorioso iba don Quijote por haber

alcanzado vitoria de tan valiente caballero como él se imaginaba que era el

de los Espejos, de cuya caballeresca palabra esperaba saber si el

encantamento de su señora pasaba adelante, pues era forzoso que el tal

vencido caballero volviese, so pena de no serlo, a darle razón de lo que

con ella le hubiese sucedido. Pero uno pensaba don Quijote y otro el de los

Espejos, puesto que por entonces no era otro su pensamiento sino buscar

donde bizmarse, como se ha dicho.

Dice, pues, la historia que cuando el bachiller Sansón Carrasco aconsejó a

don Quijote que volviese a proseguir sus dejadas caballerías, fue por haber

entrado primero en bureo con el cura y el barbero sobre qué medio se podría

tomar para reducir a don Quijote a que se estuviese en su casa quieto y

sosegado, sin que le alborotasen sus mal buscadas aventuras; de cuyo

consejo salió, por voto común de todos y parecer particular de Carrasco,

que dejasen salir a don Quijote, pues el detenerle parecía imposible, y que

Sansón le saliese al camino como caballero andante, y trabase batalla con

él, pues no faltaría sobre qué, y le venciese, teniéndolo por cosa fácil, y

que fuese pacto y concierto que el vencido quedase a merced del vencedor; y

así vencido don Quijote, le había de mandar el bachiller caballero se

volviese a su pueblo y casa, y no saliese della en dos años, o hasta tanto

que por él le fuese mandado otra cosa; lo cual era claro que don Quijote

vencido cumpliría indubitablemente, por no contravenir y faltar a las leyes

de la caballería, y podría ser que en el tiempo de su reclusión se le

olvidasen sus vanidades, o se diese lugar de buscar a su locura algún

conveniente remedio.

Aceptólo Carrasco, y ofreciósele por escudero Tomé Cecial, compadre y

vecino de Sancho Panza, hombre alegre y de lucios cascos. Armóse Sansón

como queda referido y Tomé Cecial acomodó sobre sus naturales narices las

falsas y de máscara ya dichas, porque no fuese conocido de su compadre

cuando se viesen; y así, siguieron el mismo viaje que llevaba don Quijote,

y llegaron casi a hallarse en la aventura del carro de la Muerte. Y,

finalmente, dieron con ellos en el bosque, donde les sucedió todo lo que el

prudente ha leído; y si no fuera por los pensamientos extraordinarios de

don Quijote, que se dio a entender que el bachiller no era el bachiller, el

señor bachiller quedara imposibilitado para siempre de graduarse de

licenciado, por no haber hallado nidos donde pensó hallar pájaros.

Tomé Cecial, que vio cuán mal había logrado sus deseos y el mal paradero

que había tenido su camino, dijo al bachiller:

— Por cierto, señor Sansón Carrasco, que tenemos nuestro merecido: con

facilidad se piensa y se acomete una empresa, pero con dificultad las más

veces se sale della. Don Quijote loco, nosotros cuerdos: él se va sano y

riendo, vuesa merced queda molido y triste. Sepamos, pues, ahora, cuál es

más loco: ¿el que lo es por no poder menos, o el que lo es por su voluntad?

A lo que respondió Sansón:

— La diferencia que hay entre esos dos locos es que el que lo es por fuerza

lo será siempre, y el que lo es de grado lo dejará de ser cuando quisiere.

— Pues así es —dijo Tomé Cecial—, yo fui por mi voluntad loco cuando quise

hacerme escudero de vuestra merced, y por la misma quiero dejar de serlo y

volverme a mi casa.

— Eso os cumple —respondió Sansón—, porque pensar que yo he de volver a la

mía, hasta haber molido a palos a don Quijote, es pensar en lo escusado; y

no me llevará ahora a buscarle el deseo de que cobre su juicio, sino el de

la venganza; que el dolor grande de mis costillas no me deja hacer más

piadosos discursos.

En esto fueron razonando los dos, hasta que llegaron a un pueblo donde fue

ventura hallar un algebrista, con quien se curó el Sansón desgraciado. Tomé

Cecial se volvió y le dejó, y él quedó imaginando su venganza; y la

historia vuelve a hablar dél a su tiempo, por no dejar de regocijarse ahora

con don Quijote.

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